Posteado por: Alberto Rubio | 24 noviembre 2009

Agora (2009).

“Comprender las cosas que nos rodean es la mejor preparación para comprender las cosas que hay mas allá”. (Hipatia de Alejandría).

La nueva película de Alejandro Amenábar suscitaba un gran interés y curiosidad por la amplitud de su proyecto, con un elenco de actores de calidad, en su juventud y en su plenitud. Una producción magna con el mayor presupuesto en el cine español que despertaba muchas miras puestas en su estreno. Y que tras el cual, generó diversas opiniones: detractores, decepciones, críticas y elogios.

Nos cuenta una interpretación de la vida de Hipatia, astrónoma y filósofa del Siglo IV que vivía en Alejandría, la ciudad del conocimiento, donde destacaban como emblemas el Faro y la Biblioteca, en la cual transcurre la historia a lo largo de los años.

Mujer adelantada, de gran conocimiento, en un mundo de hombres, pero centrada en descubrir el orden del cosmos a través de la discusión de distintas teorías. El gran empeño de su vida al igual que transmitir su saber a sus discípulos, dos de los cuales serán protagonistas y antagonistas.

Una mujer atrapada en la red de dos amores pero enamorada del cielo y de las errantes. En su libertad que volcaba en la biblioteca.

Dos películas en una que narran dos épocas diferentes. Comenzando con las disputas en el declive del imperio romano entre cristianos y paganos. Los cristianos que adoran a un Jesús  y los paganos que veneraban a sus dioses o a la filosofía. Y una segunda parte, años después, donde los paganos se han convertido al cristianismo, y las desavenencias ocurren entre ellos y los judíos. Cada uno defendiendo su posición.

Así se teje una historia llena de controversias por las interpretaciones dadas al tema, que dejan en duda la veracidad de los hechos. Ante la posición que otorga a cada ramo de la religión ante la cual me siento insatisfecho y en desacuerdo.

Pero sin desmerecer el gran trabajo en su conjunto que te hace sentirte en la propia ciudad y sus calles, a base de vestuario, fotografía, decorados y esos juegos de cámara magníficos destacando en la destrucción de la biblioteca el giro continuo de la cámara de arriba abajo, o cuando termina saliendo por el techo hasta el cielo estrellado.

Así, el mundo que hoy conocemos y vemos, gira y gira cada día igual, y así lo seguirá haciendo hasta su fin. Le vemos como sabemos que es, pero no siempre fue así. Por él han pasado muchas civilizaciones, personas ilustres o anónimas, ciudades que han evolucionado o desaparecido, vidas y amaneceres como los que vemos en los mismos mares que hoy bañamos. La historia ha sido su ciudadano inmortal que vive en él desde el comienzo y a día de hoy, sigue creciendo, haciendo historia nueva. Ahora estamos nosotros, giramos con él, dejaremos nuestro recuerdo y otros detrás vendrán que en su camino le acompañarán.

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